La corrupción necesaria

20160618110502_castello“Atentará asimismo contra el sistema democrático quien incurriere en grave delito doloso contra el Estado que conlleve enriquecimiento…” dice nuestra Constitución Nacional en el quinto párrafo de su artículo 36.
La surrealista situación protagonizada por José López, ex secretario de Obras Públicas durante todo el kirchernismo, sorprendido revoleando bolsos con millones de dólares en un convento, permite comprender en toda su magnitud el desfalco que hemos sufrido los últimos años y así el texto constitucional citado en el párrafo anterior.
El alto cargo que ocupaba López, su cercanía con el matrimonio Kirchner, el largo tiempo que llevaba trabajando con ellos, las cuantiosas sumas de fondos públicos que pasaron por sus manos y la multiplicidad de causas penales en laque se encuentra involucrado, revelan algo que a muchos argentinos resultará difícil digerir: La corrupción era absolutamente necesaria para la existencia misma del llamado “modelo K”.
Suponiendo por un momento que hubiera existido algo que pudiera llamarse legítimamente “modelo, el mismo se basaba en la concentración del poder y de los recursos, el alineamiento de gobernadores e intendentes, la “cosificación” de legisladores, la neutralización de la prensa libre, la sumisión de la Justicia, la supresión de la oposición, el reparto discrecional y demagógico de los recursos públicos, la exacción de recursos del sector productivo y, por supuesto, en la permanente necesidad de ganar elecciones.
Para todo eso hacía falta conseguir y gastar dinero. Mucho.
Y para conseguirlo era necesario desarticular los mecanismos y organismos de control propios de un sistema republicano de gobierno.
Era necesario entregarle la Sindicatura General de la Nación a la esposa de De Vido, dejar acéfala la Defensoría del Pueblo, ningunear la Auditoría General de la Nación, partidizar la Justicia premiando a los jueces que eran afines y castigando a los que no, comprar o silenciar la mayor cantidad posible de periodistas y medios de comunicación con pauta oficial y testaferros, cooptarlas universidades y los intelectuales.
Era necesario que nadie controle cómo se obtenía el dinero.
Era necesario que nadie controle cómo se gastaba el dinero.
Una de las poquísimas personas que pudo dimensionar adecuadamente este panorama, e indiscutiblemente la primera, fue la Dra. Carrió, presidenta de nuestra fuerza política, quien ya en el casi prehistórico 2004 denunciaba a De Vido y en el remoto 2008 al mismísimo López.
Las denuncias y llamados de atención de Carrió, muchas veces erróneamente limitada por propios y extraños a un lugar de “fiscal”, eran mucho más trascendentes que los mejores consejos de los mejores economistas.
El hambre que todavía sufren muchos de nuestros compatriotas, la inflación, las pésimas condiciones de educación y salud que debimos padecer, la asfixiante inseguridadque vivimos, la carencia vergonzante de infraestructura, son todas consecuencias de un modelo que priorizó la consolidación del poder por sobre el cumplimiento de las funciones propias de un Estado democrático. De haberse escuchado a Carrió se hubieran evitado padecimientos y crisis en mucha mayor medida que escuchando a los más avisados asesores.
Ha sido el modelo kirchnerista el que promovió, facilitó y garantizó la corrupción como medio necesario para el fin buscado: la concentración y perpetuación del poder.
Sólo en esta clase de modelos se pueden ver situaciones como las de López.
Sólo gracias a personas como Néstor y Cristina Kirchner pueden existir personas como José López.
Volviendo a las palabras constitucionales que inician éste artículo, puede verse claramente como quienes tanto hablaron de golpismo fueron quienes en realidad atentaron sistemáticamente contra nuestro sistema democrático.
*Guillermo Castello (Diputado Provincial – Cambiemos)